Aprieto los labios con fuerza, reprimiendo mi llanto a la vez que formo dos puños con mis manos. Impotente miro cómo todo se acaba, se derrumba, se hunde con mis recuerdos y con todos los momentos felices de mi corta vida. Estoy sola.
¿Qué puedo hacer?
Ya he hecho todo lo posible.
Me pregunto y me contesto una y otra vez, estoy desesperada y dolida, como si mi alma o mi corazón se hubieran roto, como si me hubieran dado tal paliza que no pudiera moverme.
Sufro, sufro y sufro sin encontrar algo o alguien que me saque de este sufrimiento. ¿Acaso no he sido lo suficientemente fuerte ya? ¿Qué más me queda?
Rompo a llorar de repente, sin poder evitarlo. Al fin y al cabo, aún soy una niña ¿no?
Después de esto no me quedarán más disculpas ni más lágrimas que derramar, estoy agotada, tan agotada que me siento lentamente en el suelo, apoyando mi espalda en la pared para deslizarme hasta él. Rodeo mis rodillas con los dos brazos temblorosos y pálidos. Cierro los ojos y noto cómo las lágrimas salen con más fuerza y rapidez, empapando mis mejillas.
Una vez más.
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